Cuento corto La huerta de Oliverio

Cuento corto La huerta de Oliverio

Durante varios años, Oliverio había estado ahorrando un poco de dinero para comprar un terreno en el que pudiera plantar lo que él quisiera, no solamente para su consumo, sino también para vender sus productos a los demás.

Por fin encontró el lugar de sus sueños, el cual ya contaba además con una casa principal y un granero.

– ¡Qué bien, el terreno es perfecto y el clima hará que todo se dé a su tiempo!

Su esposa e hija le ayudaron a poner la tierra en condiciones, a fin de que él pudiera empezar a colocar las semillas en los surcos.

Pasaron más de seis meses y aún no asomaba ningún brote. Sin embargo, Oliverio no perdió la fe y siguió abonando su huerta hasta que ésta se llenó de los vegetales más grandes de la región.

Un día mientras estaba recogiendo algunas zanahorias, se dio cuenta de que un animal se llevaba una de estas hortalizas a su casa.

– ¡Maldición, no puede ser! Esos conejos nada más ven un poco de comida y se acercan a robarla. La próxima vez que lo vea lo mataré.

Su hija lo escuchó murmurando estas palabras al viento y le comentó:

– No vayas a matar a este pobre animalito papá. Él sólo busca un poco de comida. De seguro también tiene hijos y esposa.

– A mí no me importa. Si se roba mis cosas, pagará las consecuencias.

Oliverio estuvo vigilante toda la siguiente semana esperando encontrar al “ladronzuelo “. Hasta que una vez más, cerca de las 9:00 de la noche, vio cómo el intruso entraba a su granja y se llevaba una zanahoria.

El hombre no hizo nada, ya que en el momento observó que efectivamente aquella liebre cortaba la hortaliza en varias partes y se las repartía a sus crías. La moraleja de esta clase de cuentos cortos es que debemos de agradecer lo que tenemos y además si es posible compartir nuestras riquezas con los demás.